viernes, 28 de marzo de 2014

Un best seller con sabor a México


Llanos de la Rosa Cifuentes|Despiece|México

Portada del libro de Esquivel

Para preparar el famoso chocolate a la taza, se necesita que el agua esté en su punto de ebullición. Es decir, que sea Como agua para chocolate.  Y así está Tita, la protagonista de la novela de Laura Esquivel, a punto de hervir durante todas las páginas de la obra. No es para menos. Tita vive condenada a ser infeliz, a no poder casarse con el hombre al que ama de toda la vida, Pedro Muzquiz, que le hace sentir “como un buñuelo en aceite hirviendo”. Todo por una tradición familiar que obliga a Tita, como hermana pequeña, a permanecer soltera para cuidar de su madre, Elena. Por si fuera poco el drama, a la matriarca no se le ocurre nada mejor que casar a su hija mayor, Rosaura, con el amor imposible de la benjamina. Así, Tita se ve obligada a ser la cuñada de la persona a la que ama. 

¿Cómo puede, entonces, Tita focalizar todo ese amor que guarda dentro y no puede ser externalizado? Cocinando, por ejemplo perdices con los pétalos de las flores del amante. De esta forma, se nos presenta una novela completamente distinta, que, todavía hoy a los 25 años de su publicación, sorprende a aquellos que quedan atrapados entre sus líneas. Los capítulos se enlazan unos a otros a través de platos y recetas. El realismo mágico se hace patente con las fantasiosas consecuencias, pero cargadas de metáforas,  que tienen los comensales de Tita.

Con un cuarto de siglo cumplido, Como agua para chocolate se corona como uno de los libros más vendidos de la literatura hispana y uno de los 100 de habla castellana que debe leerse antes de morir.

Una novela que se convierte en indispensable, no solo para entender ese movimiento cultural, sino también la propia historia de México. Los personajes, esencialmente femeninos, retratan el país del siglo XIX, sus costumbres, tradiciones, revoluciones y evoluciones. Los protagonistas no dejan de sorprender, porque Esquivel se toma la molestia de hacerlos complejos. Como la vida misma.



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